Pedazos de Fuerza.

El sol ya estaba cayendo, y pintaba la tarde de un color naranja nostálgico, a decir verdad desde hacía ya tiempo que todas las tardes pasaban del mismo color, el aire se sentía denso, amargo, seco, sin sentido, pasaba los días tirada en la cama mirando el techo, y veía como las sombras iban cambiando de lugar conforme el día avanzaba, esperaba con ansias que llegara la noche y dormir, con la esperanza de que la llegada del sueño le quitara el dolor del pecho, pero nunca era así… los sueños se presentaban a diario como una pesadilla, una extensión más de la realidad, se dormía entre lagrimas, las más amargas que había tenido en sus treinta años, pasaba la noche soñando entre lagrimas también, y cada vez que despertaba se quedaba sin aliento, desde su interior lanzaba un grito a la vida, al destino, a Dios… Suplicaba en silencio por que todo terminara, tantas cosas desfilando por su cabeza, le pesaban los hombros y le oprimían el pecho… Pasaban los días, las sombras, los olores, el aire cambiaba, pero su dolor seguía intacto, se preguntaba cada día si iba a poder soportarlo, escuchaba el susurro en sus oídos de la gente que le quería decirle una y otra vez, “vas a estar bien, eres fuerte, todo pasa” pero cada una de sus palabras se le amargaban en el pecho, era como si tan solo fuera un contenedor de cosas podridas, no podía ver ni sentir más allá del dolor…

Había pasado semanas sin poderse mirar al espejo, no podía, no quería, no se atrevía, sabía que lo que vería iba a terminar por romperla en mil pedazos, y ya no tenía la fuerza para levantarlos, así que evitaba a toda costa pasar frente a ellos…

Pero ese día, en esa tarde nostálgica de color naranja, sintió una rabia que la hizo moverse, camino hacia el baño y se detuvo frente al espejo, lo que vio jamás en su vida lo podrá olvidar, fue un cascarón, un saco vacío, había perdido el color rosado de sus mejillas, no podía ver nada más que dolor y tristeza a través de sus ojos, que permanecían constantemente cristalinos por la caída de sus lágrimas, su boca era más pequeña de lo que ella recordaba, su piel lucía acartonada, para nada el aspecto de una mujer en sus treinta años…

Y de pronto sintió el vacío, tan fuerte que no le alcanzaría la vida para explicarlo, y se llevo las manos al vientre… Nada… Vacío… sus lagrimas empezaron a caer por sus mejillas abundantemente, le faltaba el aire, el dolor era tan fuerte que tuvo que detenerse del lavamanos, sus piernas perdían fuerza, su espalda permanecía encorvada , la respiración se cortaba entre cada sollozo, entre cada grito, así era como el dolor se iba quedando impreso en su alma… abrazó su vientre, y en silencio suplico… perdón, entendimiento, fuerza… Lo que veía no era más que un costal de huesos, sin valor, tan vacío que le costaba trabajo pensar que podía salir de ahí, que podría llenarse de nuevo.

Si aquel Marzo le hubieran dicho que su vida estaba a punto de cambiar por completo, jamás lo hubiera creído, si hubiera sabido que el dolor sería tan insoportable, que se iba a impactar tan fuerte, al punto de quedar hecha añicos tal vez hubiera hecho las cosas de distinta manera… pero la realidad era que tenía que vivirlo, de no ser así jamás se hubiera encontrado, y jamás se hubiera enterado que el camino por el que iba andando era el equivocado.

Y ahí sigue, caminando, llenando de poco a poco el vacío, el recorrido ha sido largo, y aún le falta, pero que bonito se siente mirar hacía atrás y darse cuenta que todo ha valido la pena…

 


Abril 2020.

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